Nada para nadie en la Final de Ida en la liga de Expansión
Por: Tadeo Gutiérrez B.
Irapuato, Gto., domingo 30 de noviembre de 2025.
El reloj marcaba la hora decisiva y el histórico Estadio Sergio León Chávez hervía como un volcán a punto de estallar. Un lleno absoluto, hasta las lámparas, teñía de rojo las gradas; no cabía un solo suspiro más. La afición fresera empujaba con el alma, con cánticos que retumbaban en el cemento y hacían vibrar el césped. Era una noche para la eternidad.

Pero el futbol, caprichoso y cruel, tenía otros planes.
A pesar del aliento incesante y del corazón puesto en cada balón, la Trinca Fresera se fue topando, minuto a minuto, con un esquema porteño sólido, paciente y letal. Los ataques locales nacían con esperanza, pero se iban diluyendo conforme el tiempo se escurría como arena entre los dedos. Cada avance encontraba un muro, cada intento se ahogaba antes de convertirse en grito de gol.
Desde el banquillo, Marco Antonio Ruiz apostó por su once de gala y mandó a la batalla a:
Gerardo “Kampa” Ruiz en la portería; Diego García, Alberto Ríos, José Clemente y José Alberto López en la zaga; Rolando González, Edson Torres y Sergio Flores en el mediocampo; mientras que Deivoon Magaña, Oliver Pérez y Edu Pérez buscaban romper el cerrojo rival en el ataque.

Del otro lado, la Trinca Fresera saltó al terreno con la ilusión intacta y el orgullo bien puesto:
Humberto “Gansito” Hernández defendiendo el arco; Ventura Alvarado, Elbis Souza, Eduardo Del Ángel y Pablo Rangel en la línea defensiva; Raúl Sandoval, Benjamín Sánchez y Juan Gamboa luchando cada pelota en el centro del campo; con Ricardo Peña y Jassiel Ruiz encendidos al frente.
Los minutos finales fueron una batalla de nervios. El estadio contenía la respiración. Un centro, un rebote, un disparo bloqueado… y la esperanza seguía viva. Pero cuando el silbante Mauricio Eleazar López llevó el silbato a sus labios y decretó el final del encuentro, el tiempo se detuvo.

El sueño se escapó entre aplausos, lágrimas y miradas al cielo.
La afición reconoció el esfuerzo, porque aunque el resultado no fue el esperado, la Trinca peleó hasta el último segundo, dejando el alma en la cancha y escribiendo otra página inolvidable en la historia del futbol irapuatense.
Porque en Irapuato, se gana, se pierde… pero jamás se deja de creer. 🏟️⚽🔥

