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No aprendimos Nada…

Una goleada que exhibe carencias… dentro y fuera de la cancha

Por: JC

Irapuato, Gto; Domingo 28 de diciembre del 2025.- El marcador de 4-0 fue contundente en el Estadio Sergio León Chávez, pero el verdadero golpe para Irapuato no se limitó al resultado. La derrota ante Chivas evidenció una distancia preocupante entre la Liga Premier y la Liga MX, una brecha que no se explica por la supuesta grandeza del rival, sino por la falta de ambición, carácter y propuesta del conjunto fresero.

Porque no, este no fue un triunfo aplastante de un “súper equipo”. Chivas hizo lo justo y necesario ante un rival que pareció jugar en modo espectador, más preocupado por la postal, la anécdota o la cercanía con el ídolo que por competir con dignidad. Como si algunos futbolistas hubieran salido a la cancha esperando el momento de tomarse la foto mental para presumirla después en redes sociales.

A los de casa les faltó hambre. Les faltó ese deseo de decirle al país que en la Liga Premier también se puede competir, que aquí se puede jugar de tú a tú. En cambio, se resignaron. Permitieron que les llenaran la canasta y firmaron una actuación ofensiva inoperante, sin una sola jugada que inquietara realmente al arquero visitante.

Lo penoso: cuando la afición vuelve a fallar

Si lo deportivo fue decepcionante, lo extracancha resultó francamente vergonzoso.

La ciudad y su afición, que en partidos recientes habían sido reconocidas por su colorido, pasión y ambiente, volvieron a ser noticia… pero por las razones equivocadas. Un reducido grupo de inadaptados —porque no se les puede llamar aficionados— protagonizó actos de violencia injustificables.

Según su propio argumento, “cayeron en provocaciones” de un pequeño grupo de seguidores de Chivas, no mayor a una veintena, provenientes de León. Pero nada justifica las agresiones físicas ni el lanzamiento de botellas y objetos, comportándose como si el futbol fuera un duelo primitivo donde gana quien se muestra más salvaje.

Lo más grave: pusieron en riesgo a familias enteras que esperaban ingresar al estadio. Niños, adultos mayores, mujeres y personas que solo acudían a disfrutar de un espectáculo deportivo quedaron expuestos a una violencia absurda y peligrosa.

No bastó con perder

Como si la derrota moral y deportiva no fuera suficiente, algunos pseudaficionados decidieron escalar el conflicto. Tras el partido, intentaron desquitar su frustración buscando el camión en el que viajaban seguidores rojiblancos para apedrearlo, como si ese acto pudiera borrar el marcador o “empatar el global”.

Una escena lamentable que solo refuerza la imagen negativa de una afición que no termina de aprender de los errores del pasado.

Lo peor: violencia entre los propios

Quizá lo más triste de la jornada fue ver peleas en las gradas durante todo el encuentro. Irapuatenses contra irapuatenses. Algunos con la camiseta de Chivas, otros con la de la Trinca. Conatos de bronca constantes que evidencian una mecha corta y una intolerancia preocupante.

Las imágenes hablan por sí solas: un padre escoltado fuera del estadio por seguridad mientras su esposa e hijos observaban incrédulos; niños llorando porque recibían cerveza y objetos solo por portar la camiseta del rival. Ese es el ejemplo que se está dando.

Una lección no aprendida

No aprendimos nada de los castigos del pasado. No aprendimos que la pasión no justifica la violencia. Irapuato seguirá presumiendo —con razón— ser una de las aficiones más pasionales del país, pero mientras estas escenas se repitan, también cargará con el vergonzoso mote de ser una de las más violentas.

Y eso, más allá de cualquier goleada, es la verdadera derrota.

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